Noviembre en honor a Santa Cecilia en Padul

José Antonio Morales

A finales del mes de noviembre, entorno al día 22, disfrutamos cada año de varios conciertos a cargo de las bandas de música paduleñas. Cuenta la tradición que la patrona de los músicos, Santa Cecilia, fue una joven de la antigua Roma que superó los momentos más duros de su vida cantándole a Dios. Para los músicos, su afición por tocar el instrumento de viento o percusión, es también como fue para la joven Cecilia, un recurso de superación. Así lo ha sido en este año difícil, en el que la música no ha dejado de sonar en las casas, también como en los balcones en ocasión de las fiestas y tradiciones, siempre acompañadas por pasodobles y marchas de procesión.

El día de Santa Cecilia es una fecha señalada en el calendario, en la que suenan nuevas obras con las que se manifiestan las horas de ensayo y la mejora de la calidad interpretativa. Es ese acontecimiento  recuerdo además de todos los compañeros, profesores y directores que han pasado por la banda a lo largo de su historia, una fiesta en la que se comparte mucho más durante la comida posterior al concierto, celebrando la amistad a la que se llega después de tantas horas de concentración y esfuerzo bajo la batuta que marca el compás.

Como suele ser habitual, el primer concierto lo ofrece la Banda de la Asociación Musicocultural San Sebastián en el Centro Cultural Federico García Lorca, dirigida por Víctor Ferrer. En esta ocasión fue el día 20, sorprendiendo al público con obras de cierta complejidad musical, en las que destacaron los solos de distintos instrumentistas, unos más jóvenes, otros veteranos y también profesionales de la música. Los profesores de tuba (Rodri) y de bombardino (Antonio) tocaron a dúo, demostrando que sus instrumentos no son sólo para acompañar. El alumno y músico más veterano, Bonifacio Pérez, demostró con su solo el arraigo a la música y la capacidad de superación. Para él, y para otros miembros de su quinta, la música se convierte en una faceta enriquecedora que da la oportunidad de disfrutarla en familia, compartiendo formación con sus hijos, que, en algunas ocasiones, y aunque no guste reconocerlo, ya superan a los progenitores en algunos aspectos interpretativos. Los músicos más jóvenes del pueblo mostraron por su parte que van abriéndose paso dentro del panorama musical de la provincia, María con flauta, su hermana Julia al oboe, Jose con trompeta, Mario con la percusión, Andrés con su saxo y José Antonio con clarinete, quienes interpretaron con soltura y valentía sus solos en obras como Hannibal, el nuevo pasodoble “Padul” de Azael Tormo, la Ruta del Cid o the World of Dreams. El evento también quiso aprovecharlo la banda para reconocer y agradacer la labor  de José Cuesta y de Isa Durán en su trayectoria participando de la organización de la banda.

La música en El Padul es sinónimo de tradición, con familias musicales con origen en la primera Banda del Padul, ahora conocida como ‘Los Viejos’. Entre esas familias, está la de los hermanos Ballesteros García, con su madre, Amalia, orgullosa siempre de su pasado musical. El mayor de sus hijos, Rafael, compositor por antonomasia del Padul, estrenó un nuevo pasodoble dedicado al gran maestro Serafín Hervás, en este segundo concierto que pudimos disfrutar en honor a Santa Cecilia. Allí contamos con la asistencia de uno de los músicos más destacados de la historia musical paduleña, que a sus 85 años no quiso perderse a la Banda Maestro Falla, con la dirección de Miguel Ángel Ballesteros, interpretando por primera vez el pasodoble que lleva su nombre. Los músicos que tuvieron la suerte de aprender a tocar sus instrumentos con el clarinetista nigüeleño, antiguo miembro de la Banda Municipal de Granada, recordaron la capacidad docente y motivadora que llevó a la Banda San Sebastián a destacar en certámenes en toda España. Aquellas escalas cromáticas y ensayos por cuerdas de instrumentos en los bajos del centro de salud fueron la base de la capacidad musical de aquellos jóvenes intérpretes que hoy empujan a sus hijos a disfrutar de una de las magias de la vida.

Nº 310 - Enero 2022

Desde la Casa Grande de Padul

Así fue,

así pasó

David Ríos

El Ojo

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(III)

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Crónica del Pilar del mono

Fina López

El pilar del mono, un testigo mudo en el tiempo, es viejo y sabio como la vida misma y desde hace siglos forma parte de la vida de este pueblo. Siempre fluyendo el agua por sus caños de Fontana y dándole de beber al sediento, todos recordamos a los arrieros que pasaban camino de Motril a trabajar en las cañas y era de obligado cumplimiento dar de beber a los burros, todas las personas que se acercan a beber les recibe con su agua buena, fresquita e inagotable.

Los ciclistas le concedieron dos placas por su buen fluir del agua para que ellos apagaran su sed, pero este Pilar es famoso, ya que muchas personas de la costa de Granada y los pueblos limítrofes vienen a llenar la garrafa de agua, si pasáis por allí os daréis cuenta que el pilar nunca está solo, siempre tiene gente llenando agua para consumirla.

En tiempos de nuestras madres y abuelas era una diversión, la única que había, ir al pilar y llenar el botijo de agua, era un paseo muy agradable, porque no pasaban coches y servía para socializar con todos los amigos. Los muchachos esperaban en la plaza para acompañar a las muchachas hasta el puente, era un modo de conocer amigos o a un futuro novio, novia ya que entre aguas alguna que otra caricia se escapaba.

El agua tenía muchas bondades entre ellas la de ablandar los garbanzos ya que no tenía cloro y el cocido lo agradecía, otra de sus bondades era refrescar las gargantas de los padres de familia que se sentaban en el verano presidiendo el corro que formaban su mujer y las vecinas en la puerta de su casa.

Así el pilar fue testigo de generaciones a las que vio nacer, crecer y morir.

Hoy estamos todo el pueblo muy preocupado por su salud, se están investigando las causas por las que esto ocurre, de momento creen haber dado con la solución del problema. Son en parte culpables las raíces de los árboles que hay en las cercanías.

Nos gustaría a todos que el pilar fluyera con la misma alegría que antaño y que pueda seguir refrescándonos con sus aguas durante muchas generaciones más.

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