Un Mar para el Valle

Amanecer de nubes rojas prisioneras en su propio reflejo, las aguas oscuras exhalan su penúltimo vaho.

David Rios

Respiran a través del invencible junco, del taraje ocre del invierno, palpitando con todas y cada de una de las sombras vivas que buscan refugio en las orillas. La neblina que mana de la superficie, iluminada lateralmente por un sol que apenas remonta los dientes de sierra que mascan el horizonte, distingue y separa los barrancos. Matiza el relieve.

 

Hace unos cientos de metros que los ríos de Las Albuñuelas, Dúrcal y Torrente se juraron amor eterno, uniendo sus destinos para siempre en el cauce del Ízbor. El caudal que resulta de este último río alimenta la extensa superficie de terreno inundado por la presa de Béznar. Un pequeño gran mar para el Valle de Lecrín, de playas de naranjos y limoneros donde rompen en mil y un destellos los trozos de cielo que reflejan las olas. Mecida por suaves ondulaciones, la fría lámina de agua de la mañana se torna en caleidoscopio de colores con el paso de las horas: resplandeciente plata a mediodía, verde esmeralda al caer la tarde. Los pueblos ya estarán encendiendo las primeras luces cuando la estela de la luna llena que hoy brilla sobre la Sierra de Lújar trace su decidido camino. Desde el vértigo del abombado dique, tan geométrico y tan preciso en su doble curvatura, hasta la irregular e imprevisible cola del pantano.

Sujeta al dinamismo vital, al libre albedrío que marcan los caprichos del agua (ciclos de hielo y deshielo, largos periodos estivales sin lluvia, cortos e intensos aguaceros otoñales...), es precisamente aquí, en esta zona de recepción de las aportaciones, donde la naturaleza se manifiesta en su máximo esplendor. Con la transcendencia y envergadura de la que hace gala la garza real en su enérgico batir de alas grises, como si quisiera tocar con la punta de las plumas las dos márgenes. Las dos orillas por entre las cuales el río Ízbor extiende su cordón umbilical de aguas bravas que se adormecen, arremolinadas y vencidas al fondo de la hondonada, haciendo posible el milagro diario del poderoso latir de un paisaje renacido.

  Director: Vitaliano Fortunio  -  Tlfno. contacto y para contratar publicidad: 666 64 78 24