La vida cotidiana del Valle VII:

La muerte sentida

Eduardo M. Ortega

Siguiendo el análisis de nuestra vida cotidiana del Valle, hoy abordaremos un acontecimiento al que nadie escapa. Si observamos la vida, nacemos, nos casamos o reproducimos y morimos, en eso no hay duda. Sin embargo a lo largo de la historia y del tiempo a fin de mitigar el dolor, o en la búsqueda de una esperanza se han forjado una serie de pensamientos y creencias, religiosas o de otro tipo, mágicas o no. Es costumbre pues encender velas a los difuntos, o creer que muchos están en el purgatorio, o dada la importancia del evento crear una cofradía como la de las ánimas de Cónchar ya analizada en otros capítulos, y en especial en el libro editado por este autor “paisajes y costumbres del Valle de Lecrin”. Sin embargo en esta nueva serie de artículos vamos a la introspección, a ver cómo las familias y los individuos experimentan y sienten la muerte. Ante la muerte hay diversas reacciones desde impotencia, hasta aceptación dolor, llanto, e incluso alegría por alguien que ha quedado liberado de la enfermedad y el sufrimiento. Nuestros ritos actuales fundamentales abarcan desde el amortajamiento, hasta el velatorio, pasando por la iglesia y cementerio para aquéllos que profesan la fe cristiana en su mayoría. El sentimiento de la muerte trae también como no preocupaciones entre los individuos, como es la prisa mayor o menor de hacer testamento, o las posteriores controversias a la hora de dividir la herencia. La costumbre del lugar, dejando a un lado posibles matices machistas, es que son fundamentalmente las mujeres, las que han hecho de plañideras y las que ocupan un lugar central en el arreglo de la casa y el entierro, por encargarse de los detalles, hasta de amortajar, y adorar al muerto, según la costumbre del lugar. Despedir a un ser querido y velarlo, sea familiar, amigo, vecino, esposo, padre, hermano, hermana, hijo, o hija, tiene un plus especial cuando la persona que se marcha es más joven que quién la entierra, y no le correspondería haberse ido por su temprana edad. Sin embargo la muerte, disfrazada con su guadaña, cada día entona esa danza macabra, que para el cristiano está llena de esperanza, de extender su sombra hacia aquéllos que quiere llevar. Los avances de la medicina para afrontar la enfermedad, aunque mejor atendida y paliada en nuestra época no evita el desenlace triste y final. Sobre todo si la persona deja huérfanos jóvenes, y viuda.

A pesar del auxilio social, muchas veces el sostén del cabeza de familia será irremplazable. Lo mismo ocurre en personas mayores, ya ancianas cuando fallece el hombre o la mujer y la otra queda totalmente sola, ese vacío grande se nota en todo, y ya será muy difícil de llenar. De ahí que muchas veces la tristeza por la muerte del esposo, llame a la tumba a la esposa. El testamento hace memoria del pasado, arregla lo presente y prevee lo venidero, aunque a pesar de todo lo anterior no faltan pareceres y disputas y quienes ni siquiera guardan unos días de luto y toman aprisa la herencia. También se buscan en los testamentos albaceas, testigos u hombres buenos a fin de confirmar dicho legado, o testamento. Por regla general el Valle también siente la muerte como un paso de trascendencia unida a la pasión y resurrección cristiana del Salvador JesuCristo. Hay sin embargo personas ateas, que les da igual, o piden ser incineradas, y no creen que exista nada más allá de la carne corruptible y sangre, que un día más temprano que tarde, será polvo y energía renovada. Este sentimiento de la muerte desde el punto de vista religioso ya sea cristiano o pagano, nos lleva a una serie de ritos, rituales, misas, recuerdos, oraciones, salterios, visitas al cementerio, y tantos y tantos más. Así como poner en la casa el retrato de los padres fallecidos en recuerdo a su memoria en una especie de altar, en un lugar principal de la casa, o encenderles alguna vela para guiar su alma al cielo. Este sentimiento se proyecta también en los sueños cuando nuestros familiares o amigos nos hablan en sueños, para unos los no creyentes dicen que es el subconsciente, para otros, los que creemos o pensamos que viven en otra dimensión y que nos hablan desde otro plano, desde otro universo, de múltiples planos y subplanos, donde la muerte es un escalón más o etapa. Eso sí por último queda el recuerdo de esa persona de su vida, de si fulano, fue bueno, o menos bueno, si era tal o cuál, o si pasó toda su vida haciendo el bien, o por el contrarío era una mala charpa. Este último sentimiento, si es positivo, nos llena de paz y gozo, es quizás el más grande y satisfactorio para los familiares que lloran su pérdida, que a la vez lo sienten de cerca, pero conocen, y saben que él, ese ser querido, ha cumplido, no se ha marchado del pueblo y de la tierra que le ha visto nacer, con las manos vacías.

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