Carpe Diem:

la vida cotidiana en el Valle

Eduardo M. Ortega

La palabra o expresión Carpe diem, es una locución latina que literalmente significa 'toma el día', que quiere decir 'aprovecha el momento', en el sentido de no malgastarlo. Fue acuñada por el poeta romano Horacio (Odas, I, 11), que nos dice Carpe diem, quam minimum credula postero, "aprovecha el día, no confíes en el mañana", también nos sugiere este adagio latino como es, o fue la vida privada, la vida cotidiana de nuestras familias en el valle. Es verdad que la propia cultura y las tradiciones han cambiado con el tiempo, en el pasado hablábamos de una tradición árabe-morisca, y luego pasó a una tradición judeo-cristiana, y católica, si bien con la democracia ha habido una mayor libertad de ideas y pensamiento. Estudiando a algunos historiadores importantes como el francés Georges Dubuy en una obra compartida, nos explica en diversos tomos cómo ha evolucionado en la sociedad europea, en occidente la Vida privada, desde la edad antigua, hasta nuestros días. Podemos examinar como las distintas variables que han acompañado al ser humano y que son extrapolables a las inquietudes de nuestros vecinos del Valle, la preocupación por la vivienda, la comida, el vestido, la seguridad, el trabajo, y resuelto lo anterior, el ocio. Si bien para muchas personas y clases sociales el ocio como tal, no aparecería hasta bien entrado el siglo XX, y por desgracia la cultura en parte sólo ha sido escrita por quienes tenían tiempo y dinero para esas otras actividades que hoy llamamos estudio o reflexión,… Si en el pasado el estrés del tiempo se vivía como una preocupación continua para las clases sociales más numerosas campesinos, comerciantes, artesanos etc... Al afrontar el dilema de cómo solucionar el día de mañana, el sustento etc… Ahora en la actualidad el estrés del tiempo lo vemos también con tanta actividad, como un sufrimiento tal y como expone en su obra el profesor Ilse E. Plattner. Pero por el contrario, el Valle para muchos de nuestros visitantes y para nosotros, es o puede ser un lugar de descanso, de placer, de vida tranquila y en parte de relax, si aprendemos a convivir con él, y a disfrutar de todo lo que nos ofrece su paisaje y su naturaleza viva. La vida privada de este Valle se encuentra en parte unida a las tareas agrícolas, a los tiempos de las estaciones, a sus huertos y árboles frutales, y a sus fiestas y costumbres, de las que tanto hemos hablado en nuestro periódico. También quiero lanzar un desafío, ¿qué pensaríamos cada uno de nosotros si nos quedase poco tiempo de vida? Como dice este otro adagio latino, “memento mori”, recuerda que morirás, ciertamente nos indica que muchas veces descuidamos tareas, aficiones, o trabajos importantes de la vida, creyendo que vamos a vivir aquí en esta tierra eternamente, un craso y fatal error, que nos hace también tropezar quizás antes en el problema, sobre todo cuando a pesar de que la gente vive en general mas años, no cuidamos de manera preventiva y con responsabilidad de nuestra salud. Por tanto la apuesta o invitación que hago, esta es la idea, vive el día, toma el día y aprovéchalo, no malgastes el tiempo, pero tampoco te estreses en demasía, porque no sabemos nada del día de mañana, y algo es seguro y cierto, al recordar tu mortalidad como ser humano, te invito a que te recrees en el Valle, a que subas a la sierra, a que viajes, y conozcas sus veredas, acequias, senderos, a ver un poco menos la caja tonta de la televisión, y convivas con la naturaleza virgen todavía en muchos lugares, de este vergel precioso. El mañana llegará, cada día sale el sol, rememora y transita “los trabajos y los días” como ya un día escribiese el poeta griego Hesiodo: “La mezquindad, sin limitación incluso, puede alcanzarse fácilmente: llana es la ruta, y muy cerca habita. Delante de la virtud, en cambio, pusieron el sudor los dioses inmortales: largo y abrupto, el sendero hacia ella—y duro al principio: mas, en cuando arriba llegas ¡qué fácil después resulta, por muy difícil que sea! Y pocos saben que el día veintinueve del mes es magnífico para empezar un tonel y poner el yugo en la cerviz a los bueyes y mulos, como a los corceles de veloz pezuña. También para arrastrar al vinoso mar un navío remero y raudo; pero pocos lo tienen por cierto. El cuarto, abre un tonel; entre todos, es sagrado día hacia la mitad; pero pocos saben que, después del veinte, es el mejor día del mes, al nacer el alba; hacia la tarde es peor. Tales son los días que para los moradores de la tierra constituyen gran fortuna. Los demás, intermedios, inofensivos, nada traen. Cada cual elogia uno distinto, pero pocos los saben. Un mismo día resulta a veces madrastra, a veces madre. ¡Bienaventurado y dichoso aquel que, sabedor de todo lo que acabo de decir sobre estos días, trabaja, libre de culpa ante los Inmortales, inquiriendo auspicios y evitando transgresiones!”

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