La vida cotidiana del Valle II:

El convivio

Eduardo M. Ortega

Continuando con la temática del artículo de marzo, proseguimos profundizando en esa vida privada, y a la vez cotidiana del Valle. En este momento de la foto que queremos relatar, nos viene a la idea la palabra o expresión convivio que significa banquete, y que a su vez tiene que ver con la palabra convivialidad que significa camaradería, convite. Esta palabra que proviene del latín ya fue usada por el poeta y escritor italiano Dante Alighieri, el cuál escribe una obra que lleva el mismo título y que es una alegoría de la vida, como una invitación a un banquete de sabiduría. Descendiendo a Nuestro Valle, y de manera argumentativa tal y como lo hiciera el insigne Dante, volvemos la vista atrás sobre nuestras tradiciones y nos encontramos las fiestas populares que tienen relación con esos banquetes o reuniones, de manera esporádica en primavera y otoño las reuniones de cortijos, pero más en concreto fiestas en el campo como las de los hornazos en Dúrcal o la de San Marcos en Nigüelas, o la del Mosto en Villamena, la de San Isidro, o la fiesta de la naranja, y tantas otras…. La fiesta tiene por tanto para nosotros una doble vertiente, de un lado la vivencia del ocio y del compartir, y de otro una especie de rito catártico, o de purificación, hacia el olvido y la evasión de las penas y preocupaciones cotidianas. Como diría el insigne médico y escritor D. Gregorio Marañon, la vida es un doble experimento: “Amar y sufrir, es a la larga, la única forma de vivir con plenitud y dignidad”, y no porque busquemos el sufrimiento, sino porque la propia existencia como una moneda tiene su cara y su cruz, sus altos y bajos, sus dichas y desdichas, sus enfermedades, pero también alegrías.

Parte de ese sufrimiento que aparece en el convite de la vida, nos lo encontramos en la medida que las personas nos topamos con la enfermedad y el dolor, el duelo, que forman parte del tiempo, y del propio envejecimiento. Por eso hablo de catarsis o purificación, porque la fiesta a modo de banquete en el Valle es una prolongación de nuestros recuerdos, sueños y aspiraciones, y una manera también de aislarnos de los sufrimientos de la vida cotidiana, de las separaciones y conflictos. En la cultura mediterránea a la cuál pertenecemos, desde la antigua Roma se celebraban fiestas como las Bacanales, donde también en parte se daba rienda suelta sin desenfreno, a la bebida, comida y al sexo. Estos banquetes en definitiva, dejando a un lado las consideraciones morales, apofánticas o retóricas de cada uno, manifiestan ese deseo del ser humano de sublimar sus aspiraciones, de alcanzar otros mundos, de evasión lúdica y contemplativa, cuestiones a las que nos conduce ese banquete, bien entendido y en el que cada uno exprese sus distintas formas de entender ese amor de manera conjunta, como eros, filios o ágape, o de manera desgajada y que en cada momento de la vida, conjugue un diferente tipo de amor. Nuevamente la palabra ágape, como sinónimo de banquete, pero también de comida religiosa y fraternal que celebraban los cristianos… ¿Acaso sin entrar en disquisiciones teológicas la Eucaristía no es un banquete espiritual? .. De hecho cuando Cristo le pregunta a Pedro, que si lo ama, no está hablando del amor como eros, o filios, sino como Ágape, ¿me agapas(me amas en el sentido de amor más noble y espiritual)Pedro,(cita Juan 21.1.19),? y Pedro le contesta varias veces, Señor tu sabes que te amo, y le contesta que lo ama como amigo (pfilein), como amor fraternal. En definitiva nuestro convivio, puede ser la expresión de esos tres tipos de amor que hemos establecido, eros, filios, y ágape, y que nos transportan a un mundo diferente, un mundo de diversiones, sensaciones, luces y colores. Porque el banquete, la comida, también entra por la vista, ya que los sentidos son la puerta en parte para la desdicha, y de otra para la felicidad. Aspiremos pues a disfrutar del campo, del tiempo, del convite, del banquete bucólico del campo, a modo de brindis, como dice esta soleá de Naranjito de Triana: “Tengo las manos vacías de tanto dar sin tener, y así son las penitas mías”. Porque la fiesta implica como hemos dicho un dar, un abrirse a lo material, pero también a lo inmaterial, a la vida, a sus penas y alegrías, que de todo quiere Dios un poquito. Dejemos a un lado la prisa, ¡no mires más el móvil fulano, ese facebook o whatsaap que te tiene prisionero y distraído, y canta y alégrate con el banquete y la fiesta multicolor!, mientras la vida pasa, y el tiempo se desliza en nuestras manos sin poder atraparlo, parece que el tiempo se hubiese desdoblado, y así es, un punto está en el presente festivo, y el otro tal vez en un fúlgido sueño, donde el Valle sencillo te ha convidado.

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