Historia de la vida privada XIX:

El concejal del valle

Eduardo M. Ortega

Como en todos los pueblos pequeños y medianos del Valle, el concejal en su pueblo, tiene una doble vertiente o cometido, de un lado trabajar para su grupo político, de otro ayudar a los vecinos en sus diferentes problemas. La segunda cuestión, es cuando el concejal trabaja por los problemas de sus vecinos, y cuando lo hace por el interés de partido o de algún afiliado próximo. El concejal es un vecino del pueblo, una persona diminuta pero con gran corazón. Muchas veces no se sabe si llegó a concejal por su razón de servicio, o por llegar al poder. Sin embargo la gente a la hora de votar relee las siglas de los partidos, y como le dice Pepe el vecino a Juan el concejal, “pareciera que las siglas de unos partidos hicieran mas santos o mejores en detrimento de otros”… Hay también dice Pepe el vecino del Valle concejales que son corre ve y diles o chivatos de turno, una profesión tan antigua pensé yo como la prostitución sagrada e institucionalizada… Hay concejales de organillo y pandereta, que van de puerta en puerta a modo de predicadores, como si fueren Testigos de Jehová anunciando un mensaje… Conseguir los votos pareciera una tarea titánica y hasta si me apuran imprescindible. Contesta Juan el concejal, que muchas veces el ser concejal conlleva muchas responsabilidades y críticas de los vecinos, por desgracia la política se ha visto como algo interesado o de ejercer el poder a costa de … Y no siempre es así, no señor, no…. Pero luego le dice Pepe a Juan, que lo que más me gusta y sorprende de algunos concejales es cuando van a la procesión de un acto religioso, como si de un entierro o acto social se tratara, van de figurantes, pero ellos son claramente ateos, es decir contrarios a la Iglesia y sus normas…

Juan le responde a Pepe que son cosas del protocolo y que hay que cumplir con la parroquia, y los parroquianos. Y es que parte de la labor del político dice Juan el concejal, es ser un espejo donde se miren los ciudadanos, y donde todos se sientan representados. Pepe le dice a Juan que las decisiones que se toman en política no siempre benefician por igual a todos, e incluso puede haber intereses contrapuestos. Lo peor de todo le dice Juan, es cuando estás en minoría, eso es aún más difícil prosperar en dicho camino. Pepe, le contesta, estimado amigo, y la razón de partido para algunos es sagrada, en muchos casos se parece a la razón de Estado, y todo tiene su base en la razón de dicha ideología. Las ideologías del poder, y sus principios dice Juan, no siempre contemplan la realidad que las indica o profundiza, y luego viene el discurso de la división, sí apostilla Pepe el vecino, ese que es eterno, pero que no sirve para mucho, como es el caso de las familias divididas en la guerra civil, lo de rojos y azules, una historia un poco manida, que ya pasó de largo, pero a que muchos interesa revivir. Juan, le contesta a Pepe el vecino, que la memoria histórica es necesaria, sí decía yo es necesaria, al escucharlos, pero lo más importante le replica Pepe, es resolver los problemas de los vecinos… ¿Tantos problemas resueltos... tantos votos? El afán electoral de buscar votos no exime a nadie de sus obligaciones… Lo que ocurre sobre todo con la oposición, dice Juan, que ellos siempre ven el vaso medio vacío, nunca medio lleno, y como nada es perfecto, siempre podemos sacar punta a los problemas… Juan prosigue en su discurso que quizás el mayor problema de todos es el desempleo, la juventud atenderla bien, a la tercera edad también, la educación etc.… Eso sí, sin descuidar el cementerio, porque es el lugar en el que todos vamos a reposar eternamente... Pepe el vecino, le contesta a Juan, me parece bien que todo este guirigay de historias sea cambiante, pero eso sí, lo mejor de todo, es la alternancia del poder, y que se mueva de vez en cuando el sillón…

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